RUMI
parece estar danzando;
aquéllos con ojos comunes
sólo los verán fijos e inmóviles.
29 mar 2013
14 feb 2012
29 ago 2011
Ser testigos del final de una era, parte 2
¿Qué significa que la luz de una era se haya apagado? En primer lugar, es necesario comprender qué se entiende por "la luz de una era". Desde una perspectiva espiritual cada era de la humanidad tiene una luz espiritual que genera la evolución de la conciencia correspondiente a esa era. La evolución de la humanidad es una evolución de la conciencia (1), y es la luz de la era procedente del mundo interior la que guía y posibilita esta evolución. La humanidad dispone de la cualidad única de la conciencia, mitológicamente representada como el fuego robado a los dioses, que es bastante distinta a la conciencia instintiva del reino animal. A lo largo de la historia humana, nuestra conciencia ha evolucionado y cambiado. En cada era, esta luz interior presenta características particulares que permiten a la conciencia humana cambiar y evolucionar de una manera específica. En nuestra época actual, que está llegando a su fin, esta luz nos ha capacitado para desarrollar una comprensión del mundo físico que ha cambiado esencialmente nuestra experiencia humana.
Una forma en que esta luz espiritual interior se manifiesta directamente es a través de los descubrimientos humanos. Por ejemplo, el Gótico fue posible gracias a una comprensión de cómo a partir de la piedra se pueden crear catedrales con vidrios de colores y luz que antes habían sido casi inimaginables. El Gótico fue una efusión de esta energía interior que dio lugar a un resurgimiento espiritual y a lo que es posiblemente la más bella arquitectura jamás creada en Europa. Del mismo modo, el Renacimiento fue un desarrollo de la conciencia expresada por medio del arte y la arquitectura que celebraba el espíritu humano.
Desde el siglo XVIII, "el Siglo de las Luces", se nos han dado muchos descubrimientos, especialmente en los campos de la ciencia, que han contribuido a crear nuestra civilización actual. Podríamos pensar que estos descubrimientos fueron logros de la humanidad, pero, desde una perspectiva espiritual, tuvieron lugar por un momento de "iluminación", cuando una luz del mundo interior produjo una inspiración o entendimiento, como en el instante en que la manzana cayó sobre la cabeza de Newton y se descubrió la ley de la gravedad. Detrás de cualquier gran descubrimiento humano está la luz que origina semejante inspiración. En la última era, esa luz tenía una cualidad, o conocimiento, de una comprensión del mundo físico y de las propiedades de la materia. A través de esa luz se le ha otorgado a la conciencia humana una comprensión de la materia que no había tenido en eras anteriores. En eras anteriores, la conciencia humana evolucionó gracias a la comprensión de otras realidades, por ejemplo gracias a un conocimiento del mundo interior de los símbolos y sus propiedades mágicas, conocimiento que en gran parte hemos perdido.
Lamentablemente, mientras que los descubrimientos anteriores combinaban el espíritu y la materia --por ejemplo las catedrales góticas eran una celebración de lo divino--, el conocimiento más reciente parece haber sido a costa de lo sagrado. Puede que Newton estuviera fascinado por la magia y la alquimia, pero sus "leyes" dieron lugar a una visión del mundo que lo presentaban como a una máquina sin alma. Este es el mundo sin alma, separado de la comprensión de lo sagrado de la creación, en el que ahora nuestra civilización habita. Y a medida que la humanidad fue desarrollando una conciencia que dejaba de relacionarse con lo sagrado, se fue creando una nube de olvido entre el mundo interior y exterior, entre el mundo de la materia y el mundo interior de luz. Últimamente esta nube se ha vuelto más densa y oscura, atrayendo hacia ella energías más oscuras (por ejemplo, las que se encarnan en la explotación global que llevan a cabo los consorcios) que hacen más inaccesible la luz interior que debería servir de guía a la humanidad. Ya que la actitud de nuestra conciencia afecta al mundo interior, la codicia que domina nuestra cultura actual, el enfoque en el "yo" como opuesto al "nosotros", ha alimentado esta oscuridad creciente. La explotación colectiva de nuestro entorno, que ha tenido como resultado un cambio climático irreversible, la extinción masiva de especies y la contaminación, son también una expresión de esta actitud.
Por desgracia, nuestra civilización occidental con sus valores materialistas y el olvido de lo sagrado inherente a la creación se ha convertido en las últimas décadas en una "civilización global“. Sus valores son ahora globales, y también lo son los efectos de estos valores. Exteriormente ha aumentado la contaminación y la devastación ecológica, ya que cada vez más personas quieren tener "las cosas" del materialismo. Interiormente ha aumentado el distanciamiento de lo sagrado inherente al centro de la vida. El resultado es que la oscuridad y el olvido cubren ahora casi la totalidad de nuestro planeta.
Sin embargo, esto no significa que la luz de lo Divino, la luz espiritual que existe dentro de la creación, se haya apagado. Esta luz divina está presente en cada célula de la creación. Sin esta luz no puede haber ni vida ni existencia. Toda la creación es como una luz única procedente de la Fuente que pasa por un prisma y se convierte en los múltiples colores de la existencia. Pero la luz de cada era es una luz que se entrega a la humanidad para ayudarla a evolucionar, y parte de esta evolución ha sido tradicionalmente el cuidado del bienestar físico y espiritual del planeta, lo cual no hemos logrado hacer. Sin esta luz no puede haber transformación colectiva o evolución, ni ningún cambio en la conciencia colectiva.
La luz de una era puede atraer a la luz de la próxima era. Esto es parte del misterio de la "luz sobre luz", de cómo la luz atrae a la luz. Ha habido indicios de ello en un redespertar paulatino a la interconexión de toda la creación, en un amanecer de la conciencia de la unidad que es una de las cualidades centrales de la próxima era. Junto con esta conciencia ya nos han entregado algunas de las herramientas y tecnologías de la nueva era, como la conectividad global a través de los teléfonos celulares e internet. Y, sin embargo, a pesar de la puesta en práctica del "comercio justo" y otras prácticas de sostenibilidad, el desarrollo de la "globalización" ha llevado a todavía más explotación y codicia corporativa, en lugar de conducir a valores que estén en servicio de la totalidad. Colectivamente hemos creado una brecha mayor entre los ricos y los pobres, más destrucción ecológica, más olvido colectivo de lo sagrado. Hemos colocado el progreso económico a corto plazo por encima de la preocupación real por el planeta. Y así la luz de la era pasada, en lugar de transformarse en la luz de la nueva era, se ha apagado.
El resultado es que en la actualidad no podemos dar la bienvenida a una nueva era --un cambio en nuestra conciencia colectiva hacia la unidad y un retorno a lo sagrado--, porque nos falta la luz, la energía que se necesita para que esto suceda. Aunque muchas personas han adoptado esta nueva dimensión de la conciencia y su percepción de lo sagrado, este cambio aún no ha sucedido en nuestra conciencia colectiva, en nuestro mundo empresarial o político. Es este cambio colectivo lo que se necesita si queremos restaurar y reequilibrar nuestro entorno interior y exterior.
EL ALMA INDIVIDUAL
Entonces, ¿cómo afecta esta pérdida de luz de una era al alma individual? Así como la luz de la era guía la evolución de la humanidad en esa era, cada alma viene a este mundo con una luz que la guía a lo largo de su vida. Esta luz contiene el potencial interior y el propósito de la vida individual. Cuanto más acceso se tiene a esta luz, más fácilmente somos guiados o conducidos a cumplir el destino de nuestra vida, el potencial de nuestra alma. Para la mayoría de la gente esta luz es la luz de su conciencia, que los dirige a la mejor manera de vivir. Aquellos que se sienten atraídos a las prácticas espirituales pueden, por medio de sus prácticas y su forma de vida, aumentar su acceso a esta luz y ser guiados de manera más directa desde el interior. Por eso se dice que la meta de la vida espiritual es ser guiado desde el interior, ser guiados por la luz de nuestra naturaleza eterna.
Mientras que todas las almas individuales forman parte del alma colectiva de la humanidad, hay una diferencia entre la luz de una era y la luz del alma. La luz de la persona forma parte de nuestra naturaleza divina y contiene la luz de lo Divino. Puede continuar existiendo incluso si la luz de una era se apaga, al igual que la luz divina se mantiene en toda la creación. (2) Pero la luz de una era sostiene y apoya la evolución del alma individual, la ayuda a transformarse y evolucionar. Del mismo modo, sin esta luz mayor el alma individual no puede evolucionar o transformarse; no hay evolución del alma individual. A pesar de que este mundo sigue siendo un escenario en el que el alma puede tener experiencias, ésta no puede transformarse para pasar a un nivel superior de evolución. Es difícil entender lo que esto podría significar, ya que no tenemos un lenguaje o marco conceptual para describir la evolución del alma. Pero tiene consecuencias espirituales directas para cada uno de nosotros. Esto significa que, hasta que no se nos otorgue una nueva luz, no puede haber una evolución espiritual en el alma individual, al igual que no puede haber una transformación espiritual en el mundo.
Otro efecto de la pérdida de luz de esta era es que el alma individual es más susceptible a la oscuridad que está presente en el mundo. Esta oscuridad no es sólo una fuerza pasiva, no es sólo la oscuridad de la ignorancia, sino que es una oscuridad que puede absorber nuestra luz individual. Se abre paso a través de nuestros pequeños defectos, de nuestro egoísmo y otras características negativas. La oscuridad siempre nos aleja de la luz, y las prácticas espirituales y la conducta ética, desinteresada, nos ayudan a protegernos de la oscuridad. Pero en este momento es de creciente importancia seguir el dictamen de nuestra conciencia, o el tener un comportamiento y una actitud éticas correctas (en el sufismo esto se llama adab) para asegurarnos de que la propia luz individual no sea influida por la oscuridad o disminuida por ella. También es por eso que la comunidad o sangha espiritual adquiere una mayor importancia, ya que puede contribuir a proteger la luz espiritual del individuo. Todos tenemos que trabajar conscientemente para proteger nuestra propia luz por medio de nuestras prácticas espirituales y nuestra actitud, y compartir nuestra luz con los demás en forma de actos de bondad y amor. De esta sencilla manera podemos nutrirnos y ayudarnos los unos a los otros.
El paso que ahora tenemos que dar es tomar conciencia de las dificultades actuales que tenemos en los mundos interiores y exteriores. No podemos asumir la responsabilidad de nuestro desequilibrio ecológico actual, o saber cómo actuar, si no reconocemos la devastación global que hemos creado. Tampoco podemos asumir la responsabilidad de lo que le hemos hecho a los mundos interiores, si no tomamos conciencia de la oscuridad y del olvido de lo sagrado que nos cubre. Tal vez este primer paso hacia la responsabilidad y el rendir cuentas sirva para redimir lo que hemos profanado. Es un paso hacia la madurez y la conciencia real.
Para mí es sumamente impactante comprobar que la luz de la última era se ha apagado y darme cuenta de las consecuencias --es un impacto y un dolor similares al de ser testigo de la devastación ecológica causada por las arenas de alquitrán en el norte de Canadá, un área tan grande como Inglaterra y Gales juntas convertida en un desierto, con ríos envenenados por nuestra codicia por conseguir petróleo. Pero el testimonio auténtico, como la oración, es siempre un acto de redención. Es un acto que nos aleja de la comodidad de nuestras ilusiones, ya sean materiales o espirituales. En su lugar, dirigimos la luz de nuestra conciencia hacia la verdad, sea cual sea el costo o el dolor que la verdad pueda conllevar. Manteniendo esta verdad global presente en nuestras mentes y corazones podemos convertirnos en la conciencia y en un espacio de oración para nuestro sufriente y sagrado mundo. Tal vez este sea un paso que sirva para atraer la luz de la próxima era.
Notas
(1) Para obtener información adicional sobre la evolución de la conciencia humana, véase la serie de Joseph Campbell "El poder del mito", que explora cómo el desarrollo de la humanidad se manifiesta en su mitología. En particular, en esta era, al publicarse la imagen de la tierra desde los aterrizajes lunares, esto condujo a la percepción universal de que la humanidad debe identificarse con todo el planeta y a la aparición de una nueva mitología basada en los aspectos globales de la vida.(2) Si el alma individual pierde su luz, el alma se convierte en un "alma en pena", que vive sin propósito o significado.
27 ago 2011
Ser testigos del final de una era, parte 1
Publicado online en www.ecobuddhism.org
Véase también abajo una respuesta a una pregunta ocasionada por este artículo:
Acerca de la naturaleza de la luz que se ha apagado
Llewellyn Vaughan-Lee
En marzo de este año (2011) la revista científica Nature anunció lo que ya mucha gente sabía, que hay indicios claros de que la Sexta Extinción Masiva del mundo ya está en marcha. La última extinción masiva tuvo lugar hace unos 65 millones de años cuando un cometa o asteroide se precipitó contra la Península de Yucatán, en lo que hoy conocemos como México, causando tormentas de fuego cuyo polvo enfrió el planeta, y aproximadamente 76 por ciento de las especies murieron, entre ellas los dinosaurios. Las cuatro extinciones masivas de especies anteriores se debieron al calentamiento y enfriamiento global gradual, y ocurrieron en una escala de cientos de miles a millones de años. Lo que es específico de nuestra extinción masiva actual es que ha ocurrido muy rápidamente en unos pocos siglos, y, lo más importante, que ha sido provocada por los seres humanos. "La extinción masiva moderna global es un riesgo en gran medida ignorado del cambio climático y las actividades humanas".(1)
Estamos lentamente y, en algunos casos, de manera muy reacia, despertando a la catástrofe ecológica global de la contaminación tóxica, el cambio climático y la extinción de especies. Y el hecho de que estos cambios puedan ser irreversibles y posiblemente catastróficos se empieza a conocer. La reciente entrevista a Joanna Macy sugiere que podemos estar llegando al final de la Era Cenozoica, los sesenta y cinco millones de años desde la última Extinción Masiva:
Continuar con nuestra trayectoria de actuar como si no hubiese pasado nada acidificará los océanos y provocará un calentamiento global fuera de control, una extinción masiva de dimensiones épicas y un ciclo totalmente nuevo del tiempo geológico. Unos pocos climatólogos consideran que podríamos haber entrado ya en un cambio climático fuera de control.
La humanidad se enfrenta ahora a este desastre global sin precedentes, que se ha creado a sí mismo, y como la reciente conferencia sobre el cambio climático en Copenhague puso de manifiesto, no parecemos dispuestos a enfrentarnos a los hechos, poniendo el beneficio económico a corto plazo por encima de la realidad de lo que verdaderamente está teniendo lugar y sus consecuencias a largo plazo.
Sin embargo, existe otra dimensión en este conflicto global que no debemos ignorar. Muchas enseñanzas espirituales nos dicen que lo que sucede en el mundo exterior tiene primero lugar en el interior. Conocemos esto en nuestra práctica individual, como lo expresa el sencillo mantra "todo cambio sucede desde dentro". Los pueblos indígenas han entendido desde hace mucho tiempo cómo sucede esto a un nivel macrocósmico, y sus chamanes han trabajado a menudo para mantener los mundos internos alineados para que la armonía de la vida pueda continuar. Por ejemplo, los koguis de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia trabajan para mantener el equilibrio de la vida, mediando entre el mundo material y "Aluna", la conciencia cósmica que es la fuente de la vida y la inteligencia.
Si el mundo exterior, material es un reflejo del mundo interior, ¿cómo podemos "afrontar los hechos" y asumir la responsabilidad real de nuestra situación exterior si no sabemos lo que está sucediendo en el mundo interior, en nuestra alma y el alma del mundo?
Mientras que una cultura indígena y sus chamanes mirarían primero el interior con el fin de comprender el exterior, esto no forma parte de nuestro patrimonio occidental. Y mientras que las tradiciones espirituales orientales nos han ayudado a comprender que la transformación personal depende del cambio interior, la dimensión más amplia, macrocósmica de estas enseñanzas ha sido generalmente pasada por alto. Sin embargo, una comprensión holística y espiritual de nuestro conflicto global actual necesita urgentemente de esta perspectiva.
En primer lugar, se debe entender que así como nuestros actos físicos afectan al mundo exterior y han producido nuestra crisis ecológica, nuestra conciencia afecta directamente al mundo interior. Los mundos interiores están formados por la conciencia de la humanidad más de lo que comprendemos, por lo que muchas enseñanzas espirituales hacen hincapié en la importancia de nuestra actitud, los valores que dirigen nuestra vida.(2) La actitud de nuestra conciencia es un factor determinante en el mundo interior.
Se ha sugerido que nuestro desastre ecológico actual proviene de una actitud de separación. Nuestra cultura occidental se centró en el bienestar individual a costa de nuestra interrelación con el todo. También separamos el mundo físico de sus raíces en lo sagrado, lo que permitió a la humanidad abusar y contaminar el mundo de una manera que sería impensable para cualquier cultura indígena que venera lo sagrado de la creación.
Durante muchos años he sido testigo de cómo nuestro desprecio y el olvido de lo sagrado, el estar centrados exclusivamente en el bienestar material, ha sido muy destructivo para el mundo interior. Lugares de poder y belleza se han echado a perder, su sabiduría y magia se han ocultado o perdido. También he visto el resultado interno de nuestro abandono del alma del mundo, el anima mundi, que en la antigüedad entendían como el principio de orden espiritual en la creación.(3) Una desolación y tristeza profunda están ahora presentes en el mundo interior, ya que lo que es tan esencial y precioso ha sido abandonado.
En los últimos años el abuso de la imaginación ha sido especialmente perjudicial. La imaginación se entendió durante mucho tiempo como un puente entre los mundos, que nos conecta con el alma, que permite el acceso al mundo simbólico que subyace a lo físico. Es este mundo simbólico y arquetípico lo que a menudo le da sentido y profundidad a nuestra vida externa. Sin embargo, recientemente hemos descubierto el uso mágico de la imaginación o "secreto" como forma de atraer la vida exterior o los objetos materiales que queremos. Al proyectar nuestros deseos e ilusiones en el mundo interior hemos prostituido su uso sagrado para beneficio personal. Las enseñanzas y las historias espirituales nos han advertido de esto desde hace mucho tiempo, pero nuestra indiferencia por todo lo que no sean los deseos del ego implica que hemos profanado el mundo interior de modo que ya no puede dar sentido a nuestra vida tan fácilmente. Con nuestra codicia no hemos contaminado sólo nuestros ríos, sino también las aguas sagradas del mundo interior.
Durante el último año me he dado cuenta de que está teniendo lugar un cambio aún más desastroso. Una luz en el mundo interior que daba sentido y sustento espiritual a nuestras almas y al mundo entero ha ido apagándose. Y ahora se ha extinguido. Algo que desde hace milenios ha sido fundamental para la vida interior se ha ido, se ha perdido por nuestra codicia y arrogancia, por nuestra dinámica de poder centrada en el ego y el olvido de lo sagrado. No sólo estamos entrando en una era externa de extinción, sino en una era de de oscuridad interior. Y lo que es más peligroso es que no parecemos saber qué está sucediendo, a pesar de que esta luz interior es fundamental para el bienestar de nuestra alma individual y el alma del mundo.
Toda alma trae consigo una luz que porta el sentido y el destino de su vida. Esta luz es lo que da sentido a nuestra vida para poder vivir el sentido de nuestra alma, el propósito más profundo de nuestra encarnación. La mayoría de las personas experimentan esto como la luz de su conciencia o brújula moral que los guía en la vida. Aquellos que se sienten atraídos por un camino espiritual son capaces de trabajar con esta luz. Mediante la purificación y las prácticas espirituales, somos capaces de aumentar nuestra luz para poder ver con más facilidad el sendero que debemos seguir para regresar a nuestro verdadero Yo.(5) Cuanto mayor es la luz, más fácil nos es vivir la finalidad y el destino del alma. También es esta luz lo que nos permite transformarnos a nosotros mismos y descubrir lo que es real dentro de nuestros corazones y almas. Sin embargo, el egoísmo, el olvido, y las muchas influencias corruptoras de la vida cubren fácilmente esta luz, hasta que sin su iluminación somos fácilmente atrapados en las muchas ilusiones de la vida, incapaces de cambiar o evolucionar. Y mientras la luz dentro de nosotros nos permite cambiar interiormente y crecer, evolucionar como un ser humano y un alma, en la oscuridad podemos retroceder fácilmente.(6)
Lo que es verdad para la vida de un individuo es también verdad para una era de la humanidad. Cada era tiene una luz que posibilita a la humanidad llevar a cabo el propósito de esta era. En los últimos tiempos, esta luz nos ha despertado a los descubrimientos de la ciencia, una comprensión del mundo material que ha mejorado nuestro bienestar físico, a la vez que nos ha hipnotizado. Lamentablemente estos descubrimientos han tenido un lado de sombra de codicia y explotación, y nuestro enfoque en el mundo físico ha ocasionado un olvido profundo del mundo interior y de lo que es sagrado. Al final de una era, la luz que pertenece a esa era se puede transformar en la luz de la nueva era o puede apagarse. Podemos ver las semillas de la próxima era en una conciencia global emergente, en nuestro recuerdo de la interrelación y la unidad de toda la vida, incluso en ciertas tecnologías como internet. Pero la oscuridad de nuestra codicia colectiva, egoísmo y olvido de lo sagrado ha tenido una influencia más fuerte. Como una nube densa nos ha cubierto la esta oscuridad. Y ahora esta luz se ha apagado.
¿Qué significa que esta luz se haya apagado? Esta luz portaba el destino más alto y el propósito de la humanidad y el mundo. Hizo posible la transformación y la evolución. Sin esta luz no puede haber ni verdadero cambio, ni cambio en la conciencia, ni evolución, sea cual sea nuestra intención o aspiración aparente. La luz del alma individual, nuestro destino individual, permanece. Pero esta luz individual deja de ser alimentada o apoyada por la luz mayor de la era. Sin la energía de esta luz mayor, el destino del alma individual, su posibilidad de evolución, es muy limitada. Y también nuestra luz individual es más susceptible de ser reducida o influida por las fuerzas de la oscuridad que están muy presentes en el mundo en este momento. Esta es nuestra condición actual, y nuestra falta de conocimiento o comprensión del mundo interior la hace especialmente precaria. Esta situación interna actual es tan radical y extrema como el conflicto exterior de "Extinción Masiva".
Hemos llegado al final de una época y estamos destruyendo nuestro ecosistema. No tenemos el potencial para un cambio o transformación reales. Nos quedamos en un páramo interior y exterior, contaminado por nuestra codicia y olvido, que no puede dar verdadero sentido a nuestra vida, individual o colectivamente. Y estamos tan separados, tan alejados de nuestra alma y del alma del mundo que ni siquiera parecemos darnos cuenta. Nuestra cultura materialista está tan atrapada en sus ilusiones superficiales que no puede ver que la luz se ha apagado.
¿Cuánto tiempo puede durar esto? ¿Cuánto tiempo puede continuar la ignorancia de nuestro verdadero conflicto? ¿Cuánto tiempo podemos mantener colectivamente las distracciones que nos protegen de ver lo que está sucediendo realmente? ¿Y cuánto tiempo permanecerán la humanidad y todo el mundo en esta oscuridad? Algunas personas dicen que el 2012 es el año en que la nueva era comenzará. Otros piensan que nuestra destrucción del planeta continuará durante décadas, hasta que se acabe el petróleo o aumente el nivel del mar.
Y así esperamos en la oscuridad de un mundo agonizante. Sentimos en nuestras almas lo que podemos ver en el ecosistema, que algo ha terminado, que el mundo no volverá a ser lo que era. Y el colectivo, todavía atrapado en su sueño de materialismo, siente una ansiedad, incluso ira, ya que sabe que a este sueño se le ha pasado su fecha de caducidad, que sus promesas de prosperidad están vacías.
¿Qué podemos hacer? Las enseñanzas espirituales hablan de la importancia de ser testigo, de mirar sin juicio o expectativas. Este no es el momento de acción o de hazañas, sino un momento de conciencia real. Pero primero es necesario despertar a la realidad de lo que hemos hecho.
Una respuesta a una pregunta sobre el artículo:
Acerca de la naturaleza de la luz que se ha apagado
La luz que se ha apagado es la luz que daba sentido a la última era, que dio propósito y dirección a esta etapa de la evolución humana. Es similar a la luz del alma individual que da sentido y significado a la vida individual, pero pertenece a toda la humanidad. Esa luz podría haberse transformado en la luz de la nueva era, que he descrito en otras ocasiones como la luz de la conciencia de la unidad, que es el próximo paso en nuestra evolución humana, la evolución de nuestra conciencia. Pero había demasiada codicia colectiva, "yo" frente a "nosotros" y demasiado olvido colectivo de lo sagrado para que esta luz se transformase. Así que ahora se ha apagado.
La luz del alma individual sigue existiendo todavía, pero ha dejado de ser apoyada o alimentada por la luz mayor del todo. Por lo tanto, es más susceptible a las fuerzas de la oscuridad y el olvido. También sin la luz de la totalidad no puede haber evolución del alma individual.
Esto no significa que la luz de Dios se haya apagado. La luz divina está presente en cada célula de la creación. Sin esta luz no puede haber vida ni existencia. Toda la creación es como la luz única de Dios, que pasa a través de un prisma y se convierte en los muchos colores de la existencia. Pero la luz de la era es una luz que se da a la humanidad para ayudarla a evolucionar, y parte de esta evolución ha sido tradicionalmente el cuidado del bienestar físico y espiritual del planeta, lo cual hemos dejado de hacer. Ahora esta luz se ha ido y no puede haber evolución individual o transformación colectiva sin la infusión de una nueva luz, la luz de la próxima era; no puede haber ningún cambio en la conciencia colectiva sin la energía que puede hacer que esto suceda. La humanidad por sí sola no tiene acceso a esta energía; tiene que ser dada a la humanidad.
Fue un shock ver que había sucedido esto. He visto que la luz se apagaba a lo largo de los últimos años, pero ver, finalmente, que esta luz se había apagado fue un shock. No creo que haya sucedido antes, al menos no por muchos milenios. Y lo que es todavía más sorprendente es que nadie parece ser consciente de lo que ha sucedido. Estamos tan atrapados en las ilusiones del mundo exterior, y por desgracia últimamente en las ilusiones espirituales del mundo interior, que no nos damos cuenta de lo que está sucediendo.
~Llewellyn Vaughan-Lee
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Notas
(1) H. Richard Lane, director de programa, NSF, División de Ciencias de la Tierra.
(2) Por ejemplo, adab o cortesía espiritual, es fundamental para el sufismo. Adab es una expresión externa de una actitud espiritual interior.
(3) Carl Jung describe esta tragedia: "El ser humano ha dejado de ser el microcosmos y su alma ya no es la scintilla consustancial o chispa del Anima Mundi, el Alma del Mundo" (Obras completas, v. 11)
(4) Por ejemplo, la Historia de Moshkel Gosha persa, en la que el cortador de zarzas utiliza las joyas del mundo interior para beneficio personal, con resultados desastrosos
(5) En el sufismo este es el misterio de la "luz sobre luz", por el que la luz de nuestra aspiración atrae a una luz superior, divina que nos ayuda en nuestro camino.
(6) Esto ha sido muy evidente cuando la gente está atrapada en una oscuridad colectiva, como por ejemplo la Alemania nazi, o, más recientemente, Bosnia o Ruanda, y la gente común y corriente retrocede a una crueldad terrible.
© 2011 The Golden Sufi Center
19 abr 2011
Empoderamiento espiritual
Llewellyn Vaughan-Lee
Primero recibimos la luz, luego transmitimos la luz, así reparamos el mundo.
— DICHO CABALÍSTICO
Todos los seres humanos llevan dentro una luz que pertenece a Dios. Esta luz es nuestra más preciosa sustancia. Es nuestra esencia divina, nuestra verdadera naturaleza. Es también, en potencia, la fuerza más poderosa del universo, ya que contiene el poder de lo Divino, la Fuente todo lo que ha sido creado. En los Upanishads se describe así:
El poder ilimitado, fuente de todo poder, que se manifiesta como vida, que entra en todos los corazones, que vive allí entre los elementos, este es el Yo Superior.(1)
En siglos anteriores, el trabajo espiritual con esta luz se centraba en el viaje interior de regreso a Dios, la recuperación de nuestra naturaleza esencial, que es un estado de unidad. Pero el viaje tiene otra dimensión: el misterio de cómo nuestra luz personal funciona en el mundo. Al despertar a este misterio, y reivindicar nuestra relación y responsabilidades con el todo, reivindicamos nuestra madurez espiritual y respondemos a la necesidad espiritual real del momento.
El poder divino que reside en nuestro corazón y nos conecta a todos en una corriente interminable de vida y luz tiene un papel que desempeñar en el mundo, en la sanación de heridas pasadas y en la creación del futuro. Nuestros esfuerzos personales, esfuerzos nacidos de psiques fragmentadas y almas corruptas, no pueden ni reparar el daño hecho a la tierra o a la humanidad, ni imaginar lo que es posible verdaderamente. Será por medio del empoderamiento espiritual, reconociendo que nuestra luz personal forma parte de una luz mayor, por el que lo Divino desempeñará su papel en la co-creación de una nueva era.
Pero, ¿cómo despertar a este poder interno? ¿Cómo podemos permitir a la luz divina que se encuentra dentro de nosotros que trabaje por el bien del todo?
La misteriosa relación entre la luz de una persona y la luz del todo ha sido bien conocida en muchas tradiciones ancestrales. Del mismo modo que los chamanes han entendido que su trabajo es siempre por el bien del todo, así ocurre también con toda práctica espiritual real. Cuando los monjes y monjas cristianos rezaban en sus celdas, no rezaban simplemente por su propia salvación, sino por la salvación de la humanidad. El yogui en profunda meditación no estaba simplemente disolviendo su propio yo personal en el Yo Superior universal, sino trayendo esta luz universal y poder al mundo. Las lágrimas de los grandes Bodhisattvas son las lágrimas de toda la humanidad.
Sin embargo, esta conciencia profunda de cómo nuestra luz contribuye al todo ha sido en gran parte olvidada. En Occidente somos las víctimas y proveedores de censura espiritual, una censura tan honda y profunda que ni siquiera sabemos lo que nos ha sido negado. Cuando la Iglesia Católica dirigió su atención hacia el poder terrenal y negó el poder espiritual, nos privaron sistemáticamente de nuestra herencia espiritual. Los evangelios gnósticos se perdieron intencionadamente a la vez que se reprimió a los gnósticos. Cualquier otro iniciado que entendiera y tuviera acceso al poder espiritual, como los cátaros, fue reprimido implacablemente.
En los últimos años hemos empezado a tener acceso a enseñanzas espirituales reales. Se han redescubierto algunos de los evangelios gnósticos, y algunas enseñanzas como el Evangelio de Tomás han revelado las profundidades esotéricas del cristianismo. Occidente también se ha beneficiado de las enseñanzas budistas e hindúes traídas de Oriente. El sufismo también ha hecho su viaje a Occidente, con su profunda comprensión de los estados místicos. Sin embargo, es como si aún se nos negara parte de estas enseñanzas, como si permanecieran cerradas ciertas puertas que podrían haber sido abiertas. Por ejemplo, en el sufismo existen las enseñanzas de los Awliya, los Amigos de Dios, que cuidan del bienestar espiritual del planeta. En el judaísmo hay un cuerpo parecido de iniciados ocultos conocido como los Lamed-Vav Tzaddikim u Hombres Justos, 36 en número, que ayudan a impedir desastres. Sin embargo, muy a menudo consideramos a estos seres espirituales como mitos, sin reconocer o valorar su poder espiritual real, o el significado que tienen para cada uno de nosotros.
¿Cómo podemos reconectarnos con esta dimensión más amplia de sabiduría espiritual que pertenece no sólo al viaje interior del individuo, sino también a la evolución del todo? El budismo tibetano hace hincapié en el sendero Bodhisattva en el que se trabaja no por la propia iluminación, sino por la iluminación de otros. Las prácticas específicas comprenden el crear simbólicamente un mundo de armonía y perfección para todos, y asumir el sufrimiento de otros ofreciendo a cambio la propia felicidad de uno. Estas prácticas apuntan a una transformación más amplia. Pero, ¿reconocen los practicantes plenamente el potencial que tienen las prácticas espirituales de cambiar nuestro mundo? ¿Aceptan esta responsabilidad?
¿Cómo podemos reconocer el papel que cada uno de nosotros tiene que desempeñar? Primero necesitamos reconocer la realidad fundamental de que estamos conectados unos con otros, de que los obsequios espirituales son otorgados por el bien del todo. Algunas puertas solamente se abrirán con una actitud de servicio, una actitud muy menospreciada en la cultura contemporánea. La búsqueda occidental de individualismo, nuestro enfoque en el yo personal, ha reivindicado tesoros espirituales casi únicamente con el objetivo del desarrollo personal. Pensamos que el amor nos es dado solamente para ayudarnos a sentirnos mejor. Aspiramos a la paz para que nuestros problemas desaparezcan. Muy a menudo consideramos que un sendero espiritual es un camino de enriquecimiento de nuestro yo personal. Raramente vivimos la verdad primaria de que no se nos da para nosotros mismos, sino siempre para otros.
Cuando encarcelamos nuestras aspiraciones espirituales en el círculo cerrado de nuestro yo personal, negamos a nuestro yo y a nuestro mundo una luz y poder que necesitan desesperadamente. Nuestro mundo está muriendo no sólo por la explotación y la codicia, sino también por la negación de lo sagrado que nos une a todos, lo sagrado que da significado y sentido a cada vida, a cada momento. Hemos separado espíritu y materia, y así vivimos en un mundo hambriento de espíritu. Hasta que el espíritu pueda retornar, nada nuevo podrá nacer; continuaremos viviendo en un desierto materialista carente de alegría.
Mediante las prácticas espirituales, la luz puede volver al mundo; la luz divina que está dentro de nosotros puede empezar a sanar y transformar nuestro mundo maltrecho. Pero sólo si reconocemos la dimensión no personal de nuestras oraciones, nuestras meditaciones y devociones.
NUESTRO LUGAR EN EL TODO
Ha llegado el momento de preguntarnos cómo podemos dar el paso hacia la madurez espiritual. ¿Cómo podemos remodelar nuestra conciencia espiritual para centrarla menos en nosotros mismos y más en la evolución del todo? ¿Cómo podemos usar nuestra luz para volver a la sencilla conciencia de unidad que puede sanar nuestro mundo fragmentado y a nosotros mismos?
Aquellos que ven a todas las criaturas en sí mismos,
y a sí mismos en todas las criaturas, no conocen el miedo.
Aquellos que ven a todas las criaturas en sí mismos,
y a sí mismos en todas las criaturas, no conocen el dolor.
¿Cómo puede la multiplicidad de la vida
engañar al que ve su unidad?(2)
Para poder reivindicar esta visión de unidad no se trata de abandonar nuestro trabajo personal, que será siempre necesario. La purificación y el trabajo interior, lo que los sufíes llaman "abrillantar el espejo del corazón", nos da un acceso mayor a nuestra propia luz. La liberamos de las distorsiones de nuestra naturaleza inferior y de los velos del ego, de manera que pueda resplandecer más intensamente, y que se convierta cada vez más en parte de nuestra conciencia. Esta es la luz que nos guía a Casa, la que nos lleva desde el mundo de la dualidad a la unidad que está dentro y alrededor de nosotros. Por medio de esta luz hacemos el viaje de la separación a la unión; reconectamos conscientemente con nuestra naturaleza divina.
Tradicionalmente, sólo cuando los buscadores alcanzaban el estado de unión, unio mystica, se les mostraba cómo la luz personal conecta con la luz del todo. Se llegaba a esta conciencia tras muchos años de prácticas, cuando uno despertaba dándose cuenta de que el atman personal es el atman universal. En esta percepción todo está conectado, no hay otro y no hay yo personal.
Sin embargo, ahora es necesario que situemos esta conciencia al principio de nuestro viaje, que el individuo reconecte con el todo cuando damos nuestros primeros pasos en el sendero. Esto es posible ahora de una manera que no era posible antes; de hecho, es una necesidad. Las necesidades del todo no pueden ser ignoradas, o nuestro planeta corre el riesgo de que se desencadene una destrucción generalizada. El padecimiento y la degradación humanas y ecológicas son demasiado inminentes como para ser pasadas por alto.
El mundo está pidiendo unidad, unión, y necesita la luz de todos nosotros. Es un compromiso que cada uno de nosotros tiene que hacer a su manera, y que no se puede forzar. Pero podemos hacernos conscientes del potencial real de nuestras prácticas: que podemos empoderarnos a nosotros mismos y al mundo. Entonces podremos recuperar lo que nos ha sido negado y devolver al mundo un conocimiento del poder espiritual. Nuestro mundo no va a ser nunca sanado por políticos o empresas. Pero puede ser transformado por lo Divino que está en cada uno de nosotros y en la creación.
CONFIAR EN LA LUZ
Nos podríamos preguntar dónde están los textos sagrados que nos dicen cómo hacerlo. Existen muchos textos espirituales que hablan acerca de las maravillas del viaje interior y las etapas de este sendero. En Tibet, que era uno de los últimos lugares donde había una comprensión real del poder espiritual, había algunos textos que explicaban este trabajo de más magnitud, pero se han quemado, perdido o no se han traducido. En Occidente tenemos algunas indicios en el modo como la alquimia habla acerca de la luz escondida en la materia, el misterio de la unidad divina: "Tal como es arriba, es abajo", y la relación entre el microcosmos y macrocosmos. Pero no hay una descripción de cómo trabajar con esta conciencia en nuestro mundo contemporáneo.
Hay pocas respuestas, quizá porque las preguntas y las posibilidades son muy nuevas. ¿Cómo sería el mundo si admitiéramos nuestra interconexión, si sintiéramos las necesidades de otros como propias, si atendiéramos a una necesidad mayor con la misma fuerza con la que solemos cuidar de nosotros mismos, si realmente respetáramos lo sagrado del planeta, reconociendo que todos somos parte de un organismo espiritual vivo?
Parte de toda aventura es dar un paso a lo desconocido, y abrirnos a lo ilimitado de lo que es posible. Esa falta de conocimiento es parte del viaje, parte de nuestro regreso a la Fuente, y es, en sí, un proceso de empoderamiento. El sendero nos llevará siempre, interna o externamente, a un lugar que nos llamará a confiar, a entregarnos y a darnos a nosotros mismos completamente, y mediante esta disposición a avanzar hacia lo desconocido, descubrimos cuánto se nos ayuda y se nos sostiene, y cuánto poder verdaderamente está a nuestra disposición.
Es hora de confiar en la luz misma, confiar en la luz que está dentro y alrededor de nosotros, confiar en que lo Divino nos despierte y nos enseñe; de la misma forma que reconocemos en nuestro propio viaje el poder de la sincronicidad, de las conexiones hechas por una mano invisible, de las enseñanzas y la sabiduría que se nos dan por medio de sueños e intuiciones.
El primer paso es siempre decir "sí". Existe un dicho sufí que dice: "Es el consentimiento lo que atrae la gracia". Si podemos decir "sí" a nuestra propia luz y reconocer que forma parte de la vida entera, saldremos de la prisión de nuestro yo personal al mundo que nos necesita, que necesita nuestra luz. Entonces empezaremos a vivir en presencia de lo Divino, una Divinidad que no está coartada por nuestros esquemas y planes, nuestras imágenes de dualidad.
OFRECER NUESTRAS PRÁCTICAS
En nuestra práctica espiritual podemos ofrecernos a nosotros mismos para este objetivo más amplio reconociendo la verdad fundamental de que cada postración, cada mantra, cada respiración que repite el nombre de Dios es el mundo en oración, es el mundo que recuerda, que se reconecta con su naturaleza divina. Necesitamos darnos cuenta de que nuestra luz es la luz del mundo, y cuando trabajamos con nuestra luz por medio de nuestras prácticas, estamos trayendo esta luz al mundo.
Nuestra luz sigue a la conciencia. Recordando que nuestra práctica es siempre para el todo, nuestra luz fluirá al todo. El simple reconocimiento de que nuestra luz espiritual forma parte del mundo representa un regreso de la conciencia divina al mundo. Y cuando la conciencia divina vuelva a despertar en el mundo, todo será posible.
Podremos empezar a redescubrir el potencial secreto del poder espiritual, el poder que amenazaba a la Iglesia y originó que la Inquisición persiguiera a los cátaros. Nos daremos cuenta de que existe un poder mucho mayor que el poder terrenal, y de que es un poder que está alrededor de nosotros y dentro de nosotros. Es el poder de nuestra luz divina, una luz que pertenece directamente a Dios, que es la Fuente y el Creador de todo. Como este poder pertenece al Creador, no está limitado por las leyes aparentes de este mundo, por las limitaciones del poder terrenal; se le conoce como milagroso. Y sin embargo es algo tan simple como la acción directa de lo Divino. Si trabajamos con la luz de nuestra naturaleza divina, estamos trabajando con la luz de lo Divino en el mundo.
Cuando afirmamos conscientemente que nuestra luz forma parte de la luz del mundo, damos un paso hacia la unidad, y es la unidad lo que el mundo necesita. La conciencia de la unidad es una fuerza poderosa y sanadora. La conciencia personal que sabe y afirma que es parte del todo es un empoderamiento verdadero, porque se deja de estar aislado con la imagen de un yo personal separado. No hay nada que reste más poder que estar aislado, alienado, separado. Saber que somos uno nos reconecta con la vida entera en cada minuto, y en esta reconexión tanto empoderamos como somos empoderados. En nuestra luz espiritual está la luz del todo, y nuestra luz está además al servicio del todo.
La unidad es como el cielo azul claro—
todo surge, se desarrolla y decae
dentro de su amor, cuya compasión lo abarca todo.
La unidad es nuestro Yo Superior real.
Todo es un aspecto de la unidad.
Y nuestra búsqueda para comprender esto viene de la unidad.(3)
Es hora de que la humanidad recupere el conocimiento de cómo lo Divino trabaja en la creación. Es hora de que nosotros demos un paso hacia el ser adultos espiritualmente, y comprendamos el verdadero significado del co-creacionismo, nuestra luz divina que trabaja con la luz divina que se encuentra dentro de la creación. Depende de nosotros. Si no damos este paso, una puerta se quedará cerrada, y el alma del mundo conocerá la desesperación de una oportunidad perdida. Si respondemos a la llamada de los tiempos, desempeñaremos nuestro papel en el milagro de la vida que vuelve a nacer.
Notas de la versión original en inglés
(1) Katha Upanishad, Book II (The Ten Principle Upanishads, trans. Shree Purohit Swami and W.B. Yeats), p. 34.
(2) Isha Upanishad.
(3) Abhinavagupta on the teachings of Non-dual Kashmir Shaivism.
El regalo de la paz
Llewellyn Vaughan-Lee
Somos siempre paz.
Liberarnos de la idea de que no somos paz,
es todo lo que se requiere.
— RAMANA MAHARSHI
LA PAZ DEL ALMA
La paz es una cualidad del alma. Y como todas las cualidades espirituales reales, la paz no se alcanza o se consigue con nuestros esfuerzos. Es otorgada mediante la gracia, como la paz que Cristo prometió a sus discípulos:
"La paz os dejo, mi paz os doy:
no os la doy como la da el mundo".
Debido a que nuestra cultura ha perdido un conocimiento de los modos de manifestarse de la gracia, tendemos a identificar paz con esfuerzo. La mayoría de nosotros lucha por la paz, pensando que se puede alcanzar esforzándose. Exteriormente buscamos la paz resolviendo los conflictos. Interiormente, asimismo, esperamos resolver nuestros conflictos trabajando para llevar a un equilibrio a las facciones en guerra de nuestra psique. En la meditación nos esforzamos por encontrar la paz más allá de la actividad de la mente.
Puede que alcancemos de esta manera una sensación de paz, esforzándonos y luchando. Pero la paz real es un aspecto de lo divino, y en palabras del maestro sufí Bhai Sabih: "¿Cómo puede haber esfuerzo con las cosas divinas? Son dadas, infundidas".
La paz que es dada tiene una cualidad diferente porque viene sin esfuerzo ni lucha. No es una solución a un conflicto, ni interior ni exterior. No forma parte de la dimensión de la lucha, sino de la dimensión del alma. No puede surgir de un conflicto porque es un aspecto de la unidad de nuestra verdadera naturaleza. En la unidad, ¿cómo puede haber conflicto? Si no hay dos, ¿qué necesidad hay de resolver nada?
La paz real es una cualidad del puro ser. La paz que Cristo dejó a sus discípulos, la paz "no como la da el mundo" está en todos nosotros. Forma parte de nuestra naturaleza esencial. Pero como muchas cualidades del alma, permanece escondida, pasada por alto por nuestras percepciones y modos de relacionarnos que están basados en la dualidad, el conflicto y el interés propio.
Tradicionalmente se ha transmitido la paz a un nivel personal, de maestro a discípulo, como Cristo dio la paz a sus discípulos. Pero en este momento crítico de nuestra evolución, ha dejado de ser suficiente. Toda la humanidad necesita tener acceso a la paz del alma, ya que esta paz no forma parte sólo de toda persona, sino del alma del mundo. Y si miramos a nuestro alrededor, vemos que el mundo necesita paz; la vida en sí necesita ser alimentada por su propia naturaleza superior para recuperarse de los abusos del pasado y prosperar. El trabajo espiritual de esta época es ayudar a que el alma del mundo despierte, ayudar a que las cualidades de la verdadera naturaleza de la vida nutran al todo.
LA PAZ EN LA ERA DE LA UNIDAD
¿Cómo podemos ayudar a que el corazón del mundo despierte? El primer paso es un paso en la conciencia. La próxima era es una era de unidad, y en nuestro colectivo está surgiendo una conciencia de unidad. Vemos esta conciencia reflejada en el desarrollo de la comunicación global, el internet, y en nuestro reconocimiento de la interconexión ecológica. Pero no vemos las dimensiones más profundas de esta conciencia, cómo forma parte de la naturaleza superior de la vida, cómo contiene las cualidades divinas de paz, amor y poder real.
Sólo lo divino puede sanar y transformar el mundo; las fuerzas antagónicas en el mundo están demasiado poderosamente consteladas para que nosotros podamos resolverlas por nuestra cuenta. Pero lo divino necesita nuestra participación: somos los guardianes del planeta. Y, ¿cuál es la naturaleza de este trabajo? En nuestra cultura masculina identificamos trabajo con "hacer" y actividad. Pero mantener un espacio para lo divino requiere la cualidad femenina de "ser". Por medio de la simplicidad de vivir nuestra conexión interior con lo divino, de vivir la conciencia del corazón, enlazamos los mundos y permitimos que las energías superiores fluyan a la vida.
Los místicos reconocen el juego de los opuestos dentro de sí mismos -- la oscuridad y la luz, lo masculino y lo femenino, el espíritu y la materia -- y saben que forman parte de una unidad mayor. Al dejar de estar atrapados en la dualidad de los opuestos, los místicos viven con la realidad de la unión. Los opuestos permanecen, pero dejan de aparecer en conflicto. Los místicos pueden, como el Midrash del judaísmo sostiene, "observar cómo todas las cosas toman prestado unas de otras":
"el día toma prestado de la noche, y la noche del día... la luna toma prestado de las estrellas y las estrellas toman prestado de la luna... el cielo toma prestado de la tierra y la tierra del cielo... Todas las criaturas de Dios toman prestado unas de otras, hacen la paz una con otra..."(1)
Y en esta era de unidad, es necesario que los buscadores pasen de estar centrados en el desarrollo de sí mismos a estarlo en el desarrollo del todo. Esto requiere que dejemos atrás nuestros esquemas de aislamiento espiritual. Dejando la cueva y los monasterios, podemos vivir la luz del corazón en la vida común y corriente, en la plaza del mercado donde la densidad y oscuridad del materialismo necesitan ser disipadas.
Puede ser una ayuda reconocer que lo divino en la vida tiene su propio ritmo natural, su propio aspirar y espirar, que podemos llegar a conocer y con lo que podemos trabajar. La luz y la energía de lo divino siguen generalmente pautas ancestrales que fluyen por nuestra psique colectiva. Podemos contribuir a que la paz llegue a nuestro mundo confiando en que la paz en sí tiene la paciencia de trabajar esquivando las resistencias, en que su fuerza no se dispersa ni se pierde en un conflicto. La energía espiritual de la paz está generalmente trabajando con la energía de la discordia, minando sus argumentos, transformando el flujo de energía de la confrontación en comprensión. Si nos permitimos a nosotros mismos abrirnos a lo que ya está pasando, empezaremos a ver y trabajar con la conciencia de unidad que está surgiendo.
RESPUESTAS SENCILLAS
Durante las épocas de transición es importante volver a lo que es básico, a lo que forma parte de la esencia de la vida. Si miramos detenidamente, podemos ver que la vida en sí contiene una armonía que forma parte de su naturaleza más profunda. Se puede ver en los pétalos de una flor, en el remolino del agua de un río, en una bandada de gansos que vuelan al sur. Podemos permitir a la vida que nos enseñe, que nos muestre cómo vivir de una manera que no constele continuamente conflictos. La vida nos puede revelar el fluir de los opuestos, el modo como la noche conduce al día, el invierno a la primavera. Una vez que cambiamos nuestra actitud hacia la vida, una vez que abandonamos nuestra necesidad de ser conquistadores u opresores, la vida puede mostrarnos cómo vivir en paz. Una vez que salgamos del paradigma de los opuestos que luchan, descubriremos que el sol brilla.
Se está entretejiendo un hilo en los mundos interiores, pero nosotros no sabemos cómo mirar. Se está creando armonía, pero permanecemos centrados en la discordia. Los patrones de la energía de la vida están cambiando sutilmente, las corrientes que vienen de las profundidades están cambiando. La vida está tratando de redimirse a sí misma, tratando de sacarse de encima los escombros de nuestras luchas de poder.
Como vivimos al final de una era, la vida aparentemente se ha vuelto más compleja. Esta es una de las señales de que las cosas se están desmoronando. Con nuestros modelos generados por ordenador, buscamos repuestas complejas a nuestros problemas. Pero la paz es sencilla, y es parte de la sencillez de la vida.
Parecemos pasar siempre por alto la sencilla maravilla del hecho de ser humanos, que significa ser divinos. Somos el encuentro de los dos mundos, el sitio donde los milagros pueden suceder y lo divino cobra vida de una nueva manera. Somos la luz al final del túnel. Somos lo cálido y el cuidado y la compasión, a pesar de que llevamos las cicatrices de nuestra crueldad e ira.
Los cambios en la vida son muy fundamentales y sencillos, y, sin embargo, no son fáciles de vivir. Hay fuerzas en acción que nos empujan hacia fuera, hacia la complejidad. Son fuerzas que nos quitan la alegría y exigen que trabajemos cada vez más duro. Nos conducen a conflictos que no necesitamos, y siempre tratan de oscurecer la simple alegría de vivir, de estar juntos y de apreciar el compañerismo. La comida rápida y las grandes películas pueden resplandecer y atrapar nuestra atención colectiva, pero sabemos en nuestros corazones que algo fundamental está siendo pasado por alto. No necesitamos ahogarnos en la prosperidad o imponer nuestras creencias a otros. Solamente tenemos que reconocer qué es real y vivirlo a nuestra manera.
En la sencillez de nuestros valores humanos -- amor y alegría y esperanza -- , estamos conectados en la unidad. Pero sólo podemos descubrir esta conexión cuando volvemos a la simple esencia del ser. Cuando regresemos al corazón, veremos lo que está naciendo, cómo está teniendo lugar una conexión de individuos, grupos y comunidades, cómo están creciendo las redes de interrelación, y cómo la energía de la vida está circulando por esas redes. Reconociendo estos cambios, podemos ayudar a que la paz fluya donde se necesita.
LA LUZ DE LA PAZ
Mucha gente teme la paz real. No se puede manipular, no desempeña un papel en las dinámicas de poder. En el enfrentamiento de los opuestos, luchamos para vencer, para imponernos. Incluso nuestra imagen de la paz del mundo es un equilibrio de poder. ¿Qué ocurriría si se eliminase esa dinámica de poder? ¿Cómo sabríamos quién domina? El drama del poder necesita adversarios. Una vida de paz funciona de manera diferente. No forma parte de los esquemas de control. La paz y la libertad van unidas.
Estar abierto a la paz es dejar atrás muchas de las maneras que definen nuestra vida. Trabajar con la paz significaría que trabajamos con una energía libre de la constelación de opuestos. Esta energía es parte de nuestra naturaleza divina. En el Corán se describe esta energía en el "versículo de la Luz" del sura 24:
Allah es la luz
de los cielos y la tierra.
Su luz se puede comparar
a una hornacina
donde se halla una lámpara.
La lámpara está rodeada de un vidrio.
El vidrio es como si fuera
una estrella radiante,
encendida por un árbol bendito,
un olivo, que ni es de Oriente
ni de Occidente,
cuyo aceite es casi
luminoso,
aunque el fuego apenas lo toque.
¡Luz sobre luz!
Allah guía a su luz
a aquellos que él quiere.
La luz dorada del aceite del "olivo, ni de Oriente ni de Occidente" está dentro de nosotros. Es la luz de nuestra naturaleza divina, que forma parte también de la vida. ¿Cómo puede ser nuestra naturaleza divina distinta del aire que respiramos? Nuestra respiración es Su respiración. Por medio de la respiración, se juntan el alma y el cuerpo, el cielo y la tierra. Su luz es "la luz de los cielos y la tierra". Detrás de la apariencia de la dualidad está la luz de la unidad y la paz real. Podemos vivir esta unidad, esta unión primaria, o podemos continuar con una actitud que sólo ve el conflicto continuo de los opuestos. El aceite del "olivo, ni de Oriente ni de Occidente" está ardiendo y nos muestra una manera diferente de vivir.
El sura de la luz continúa:
(Encendida una luz semejante)
en casas, que Allah
ha permitido erigir
en Su honor, para la celebración
de Su nombre en ellas;
en las que
dan gloria a Él
por las mañanas y
por las tardes
gentes a la que ni
el comercio ni la venta
les pueden distraer del recuerdo
de Allah, ni de la práctica regular de la oración.
La luz que es otorgada forma parte del recuerdo de Dios, de la simple conciencia de la divina presencia. En esta luz se recuerda y celebra a lo divino, incluso en medio de las actividades de la vida. Necesitamos esta luz para que nos guíe, y en esta luz encontramos nuestro recuerdo de lo que es real. Esta luz es siempre accesible, sólo oculta por nuestro olvido. La luz que está más allá de los opuestos no se alcanza a través de un conflicto, sino que llega por medio de la oración y el recuerdo.
Aquellos que Le aman y Le recuerdan tienen acceso a la luz que el mundo necesita -- la luz de la paz, la luz de la unidad. Nuestro mundo no lo pueden salvar jamás ni los políticos ni los mediadores, pero sí aquellos cuyos corazones se han girado hacia lo Real. Esta conciencia forma parte de la esencia de la vida, de la creación que celebra a su Creador. Está presente alrededor nuestro, dentro de nosotros, es parte de la sencilla verdad de que estamos aquí para servir a lo divino. Si podemos ver con el corazón, no con nuestros condicionamientos, podemos despertar dentro la paz que se está revelando a sí misma en este momento. Y por medio de la simple combinación de nuestra práctica espiritual, nuestras oraciones y recuerdo, y nuestra vida cotidiana, podemos llevar al mundo Su luz y Su paz.
Notas de la versión original en inglés
(1) Midrash, Exodus Rabbah (31:15), trans. H. Freedman and Maurice Simon
18 abr 2011
La unidad de Dios y el corazón del mundo: Llewellyn Vaughan-Lee
Se pueden leer los subtítulos en español
El trabajo sufí con los sueños
Publicado por Seven Pillars
Llewellyn Vaughan-Lee
El sueño es una pequeña puerta escondida en lo más íntimo y recóndito del alma.
— C. G. JUNG
GUÍA EN EL SENDERO
La interpretación de los sueños ha sido siempre una parte importante de la tradición sufí. Los primeros manuales sufíes contienen apartados sobre los sueños, que ofrecen una diferenciación entre los sueños "verdaderos" y "falsos", siendo estos últimos aquellos sin valor psicológico o espiritual. Los "sueños verdaderos" son los que ofrecen una guía. Tradicionalmente, los sueños son interpretados por el sheikh o por el representante del sheikh. El sufí del siglo XII Najm ad-dîn Kubra acentuó la importancia de los sueños y de su interpretación, incluyendo en las reglas del camino, además de "silencio constante, retiro constante y recuerdo de Dios constante", "dirección constante de un sheikh que explica el significado de los sueños y visiones".
En la tradición sufí Naqshbandi, el trabajo con los sueños ha sido siempre importante. Bahâ ad-dîn Naqshband, el fundador de la orden, era un renombrado intérprete de sueños, y al parecer no tomaba a nadie como discípulo hasta que tuviera un sueño que lo confirmara. Él también subrayó el valor del diálogo en grupo. "El nuestro es el camino del diálogo en grupo", decía. Al desarrollarse este sendero en Occidente, estos dos aspectos del sendero Naqshbandi se fusionaron en forma de trabajo con los sueños en grupo . En nuestras reuniones meditamos – practicando la meditación silenciosa del corazón -, dedicamos un tiempo a tomar té y charlar, y luego compartimos los sueños y trabajamos con ellos.
Compartiendo nuestros sueños y escuchando los de otros, aprendemos también a valorar la singularidad de nuestro propio sendero, de nuestro propio modo de viajar a Casa. Cada uno de nosotros es llevado a Dios de un modo propio, según la singularidad de nuestra naturaleza individual, ya que "cada ser tiene su propio modo apropiado de plegaria y glorificación" (Corán 2:186). Es muy fácil intentar identificarse con otros, seguir el sendero que vemos vivir a otros. Otros nos pueden inspirar, pero solamente nosotros mismos podemos caminar por nuestro propio sendero, seguir nuestro propio sueño, vivir nuestro propio destino. Los sueños nos cuentan nuestra historia, cómo se desarrolla el sendero dentro de nosotros. Cuando compartimos un sueño, se le presta atención a la singularidad de nuestro propio sendero. Y escuchando los sueños de otros, podemos ver cómo para cada uno de nosotros el viaje del alma es diferente, requiere cualidades diferentes.
Trabajando con los sueños, aprendemos a leer las señales del camino, a escuchar con un oído sintonizado con la música del sendero, con la frecuencia del alma. Descubrimos lo que necesitamos saber, desciframos el paso siguiente que necesitamos dar. Nuestros sueños describen el proceso interior del sendero, el trabajo espiritual y psicológico que se está desarrollando. El sendero Naqshbandi ha tenido siempre un marcado elemento psicológico. La mayor parte del trabajo de purificación es psicológico, e implica tanto la confrontación con la sombra como otros procesos psicológicos. En los primeros años del sendero, el foco se encontrará a menudo en este trabajo psicológico interior, la transformación alquímica del nigredo, nuestra sombra, los aspectos rechazados y desconocidos de nosotros mismos. Tendremos sueños sobre nuestra oscuridad y nuestros miedos, de figuras aterradoras que nos persiguen por calles oscuras, de monstruos escondidos en sótanos. Trabajando con estos sueños, aprendemos cómo aceptar y amar nuestra oscuridad. Nuestros sueños revelan lo que está oculto dentro de nosotros, la belleza y el terror. Y dentro de la oscuridad de nuestra sombra, llegamos lentamente a ver la luz del Yo Superior, la perla de gran precio oculta en las profundidades.
Más profundos que los sueños psicológicos son los sueños espirituales, que nos hablan con las antiguas imágenes del sendero, los racimos de uvas que representan enseñanza espiritual, el vino del Amado que embriaga al sufí. O, como en el sueño de una habitación llena de hombres mayores que cardaban lana, se le cuenta al soñante el proceso según el cual se dice que eres un sufí cuando tu corazón es tan suave y tan cálido como la lana. Lo más profundo del alma conoce estos símbolos, aunque son poco familiares para nuestras mentes contemporáneas, y nos recuerdan el antiguo camino que estamos recorriendo. Pero el trabajo con los sueños no supone solamente interpretarlos, descubrir qué significa el sueño. El trabajo con los sueños es un diálogo, una conversación entre el soñante y el mundo del sueño. Mediante este diálogo, nos conectamos con una parte de nosotros mismos que el mundo exterior a menudo rechaza y menosprecia. Con nuestros sueños volvemos a conectarnos con el alma, tal y como nos habla en la antigua lengua de imágenes y símbolos. Y cuando compartimos sueños en un grupo de meditación, los corazones de otra gente oyen este diálogo y lo valoran dentro de un espacio sagrado. Esta es una importante afirmación del sueño y del alma que nos habla por medio de nuestros sueños.
Si tú crees en tu sueño, él atraerá la interpretación, la respuesta que necesita. El junguiano Werner Engel decía: "El sueño siempre se hará conocer a sí mismo" Un sueño es una realidad viva, dinámica, que atrae la atención que requiere. Puede que la interpretación no sea perfecta; puede incluso que sea errónea. Puede que no descubras el significado real de un sueño hasta semanas o incluso años más tarde. El trabajo con los sueños no es acerca de lo que es correcto o erróneo, sino un proceso a través del que trabajamos con el mundo de la psique, nos reconectamos con el alma. Por medio del trabajo con los sueños se nos hace accesible la energía del mundo interior. Cuando tratamos de entender nuestros sueños, estamos colaborando con el mundo interior y su energía puede llegar a la conciencia, a la parte de nuestra vida en la que estamos despiertos. Nuestros sueños nos alimentan más de lo que sabemos, y el trabajo con los sueños nos ayuda a acceder a este alimento, a ser alimentados por el maná de nuestro mundo de los sueños.
CAPTAR LAS SEÑALES DIVINAS
Al trabajar con los sueños, nos vamos familiarizando poco a poco con una realidad que no es fija ni estática. Los sueños son amorfos y cambiantes, y su significado no es lógico ni está predeterminado. Al responder a un sueño, tenemos que captar su significado tal y como forme parte del momento, un momento que está fuera del tiempo y fuera de los parámetros definidos de nuestra mente racional. El trabajo con los sueños, por consiguiente, nos ayuda a escuchar y a ser receptivos a una dimensión diferente, más fluida, y puede prepararnos para la difícil tarea de captar las señales Divinas. El objetivo de un entrenamiento espiritual es llevar una vida guiada, guiada por aquello dentro de nosotros que es eterno. Lo Divino nos guía a menudo por medio de señales que tenemos que captar y a las que tenemos que responder sin entenderlas racionalmente. Este es el camino de Khidr, la figura arquetípica sufí de la revelación directa, una conexión interior directa e incondicional con lo Divino. En la historia de Khidr en el Corán, Moisés, que representa la ley establecida, quiere seguir a Khidr y ser guiado por él. Pero Khidr le dice: "No vas a ser capaz de tener paciencia conmigo. Pues, ¿cómo puedes tener paciencia con algo que va más allá de tu conocimiento?" (Corán 18:67-68).
Al recorrer el sendero místico del amor, se nos lleva a una realidad que no podemos entender, que está más allá de nuestro conocimiento previo. Tenemos que aprender a escuchar y a responder desde una posición de desconocimiento - ser una copa vacía. Esta es una actitud muy diferente de la exigida por el mundo exterior, que requiere que actuemos desde una posición de conocimiento y entendimiento. El trabajo con los sueños puede ayudar a despertar la parte de nuestro cerebro que puede responder sin ideas preconcebidas.
En el trabajo con los sueños nos interrelacionamos con una realidad que es menos fija y más dinámica que el mundo exterior o nuestra mente racional. Cuando escuchamos los sueños, nos sintonizamos con este mundo interior fluido en que las cosas son raramente como aparecen. Lo mismo que las imágenes se mueven y cambian, también su significado se desarrolla; de esta manera, llegan a ser conocidas partes ocultas del soñante. Paulatinamente nuestra conciencia se va adaptando a funcionar de este modo no lineal, más dinámico.
Al trabajar con los sueños, dejamos atrás el mundo fijo, con el que la mente racional está familiarizada, y al que nos hemos acondicionado por medio de nuestra educación familiar y escolar. En su lugar, participamos conscientemente en una realidad constantemente cambiante, que no podemos entender racionalmente. El trabajo con los sueños entrena a la mente a no quedar atrapada en imágenes o ideas fijas, y a no juzgar o no tener respuestas preconcebidas. Existe además en los sueños un humor que se ríe de nuestras ideas preconcebidas o disuelve nuestro sentido establecido del yo. El trabajo con los sueños libera nuestra conciencia de la rigidez de las pautas impuestas, y puede despertarnos a las risas y la libertad de nuestro yo verdadero. Puede preparar nuestra conciencia para la tarea de captar la señal Divina.
Las señales Divinas son "más rápidas que el rayo", y si interferimos, con juicios o censura, la señal se pierde. Si respondemos “qué pasará si...” o "pero…" o "no estoy seguro", o cualquiera de las respuestas condicionadas de la mente, entonces la señal se pierde, la oportunidad se va. Una señal Divina requiere que escuchemos y actuemos en consecuencia. La señal Divina no será siempre acerca de una acción. A veces es algo que necesitamos saber, una cualidad que necesitamos desarrollar, una actitud que necesitamos cambiar. Lo que importa es que estemos siempre atentos y respondamos en el momento. Que no sopesemos las consecuencias o meditemos nuestras acciones. Que escuchemos y actuemos. Pero para escuchar y responder incondicionalmente, la mente tiene que liberarse de muchas pautas de condicionamiento. Tenemos que dejar atrás nuestros deseos normales de entender, de saber lo que estamos haciendo. El trabajo con los sueños puede ayudarnos a liberar nuestra mente, a activarla para que funcione a un nivel superior y más rápido.
El trabajo con los sueños es un trampolín para captar las señales Divinas. Pero no es lo mismo que captar las señales en sí. El trabajo con los sueños es un proceso a través del que descubrimos el significado de un sueño. Las señales son simplemente dadas, y la única participación del soñante es escuchar y responder. Las señales trabajan a un nivel de vibración mucho más elevado que el trabajo con los sueños. Pero mediante el trabajo con los sueños podemos realinear nuestra conciencia y trabajar con nuestra mente de una manera diferente, no lineal. Individualmente y como grupo trabajamos en el umbral de la conciencia, en los límites de lo desconocido. Nos sintonizamos con lo que todavía no ha tomado forma, más que con lo que está ya fijo y definido. El trabajo con los sueños nos enseña a escuchar la voz del Amado, a estar atentos a Eso.
EL HILO DORADO
Los sueños espirituales son aquellos que vienen del alma. Nos instruyen acerca de los símbolos y el significado que está oculto bajo la superficie. Nos guían por el laberinto de nuestra psique y nos hablan de nuestro destino real. Estos sueños nos ayudan a descubrir la naturaleza real de nuestro ser, a reconocer su cualidad, y a llevarla a la vida cotidiana. Tienen dentro de ellos un "hilo dorado" que es el destino del alma, nuestra conexión directa con Dios.
Los sueños espirituales son una elaboración de este "hilo dorado", dándole el color y la textura del momento, del tiempo y el lugar y la gente. Trabajando con estos sueños, nos alineamos con nuestra cualidad más íntima, el sentido del Yo Superior. Nos hacemos conscientes de esta parte ancestral y eterna de nuestro ser. Por medio del trabajo con los sueños nos alimentamos de lo numinoso y de nuestra conexión con lo que es sagrado y eterno. Primero vislumbramos el hilo, y luego aprendemos a reconocerlo. Paulatinamente se va convirtiendo en el sendero que seguimos, la guía que necesitamos. Aprendemos a reconocer este hilo como la naturaleza única de nuestra vida espiritual, de toda nuestra vida.
Este hilo dorado no se puede reconocer con nuestra mente racional, pero nuestra conciencia simbólica lo ve, y la conciencia del corazón conoce su propósito. Al trabajar con este hilo, viendo cómo está entrelazado en nuestros sueños y escondido en nuestra vida cotidiana, descubrimos que forma parte de la base de nuestra vida interior y exterior. Este hilo es nuestro yo más profundo que vive dentro de nosotros, que da color y sustancia a las imágenes de nuestra psique y también a la textura de nuestros días.
LIBERTAD NO CONDICIONADA
La práctica del trabajo con los sueños en un grupo espiritual nos hace conscientes de cómo este hilo está presente en los sueños y vidas de otros. Vemos qué fácil es que pase desapercibido, y cómo a menudo aparece de una forma que no pensamos que sea espiritual, incluso no le hacemos caso por insignificante. Muchas veces está presente como una imagen o un acontecimiento en un sueño que parece estar fuera de lugar con respecto al resto del sueño. Como el destino del alma es muy diferente de los planes de nuestro yo-ego, incluso de nuestro yo-ego "espiritual", encontraremos este hilo donde menos lo esperamos. Nuestro "hilo dorado" nos lleva siempre más allá de nuestras ideas preconcebidas, a un estado de libertad no condicionada.
Oyendo y dialogando sobre los sueños de otros, así como a través de nuestro propio trabajo con los sueños, descubrimos este hilo y vemos cómo afecta a nuestra vida exterior. Aprendemos a ver cómo este destino más profundo está entretejido en nuestra vida cotidiana, cómo las situaciones y acontecimientos exteriores contienen esta esencia escondida. Aprendemos a reconocer esta cualidad de lo Divino no sólo en la meditación o en momentos de éxtasis, sino en medio de la vida. Y, al verlo dentro de nuestro yo y dentro de nuestra vida, somos portadores de esta conciencia para el todo. Individualmente y como grupo apoyamos lo que es esencial a la vida, y a que la vida haga conocer su significado más profundo. De esta manera reconocemos lo que el mundo no reconoce, afirmamos lo que el mundo ha olvidado.
El trabajo con sueños es una antigua práctica espiritual que el sendero Naqshbandi ha adaptado a las necesidades del momento presente. Combinando una comprensión tradicional de los sueños y sus símbolos con las ideas de la psicología moderna, el trabajo con los sueños ayuda a guiarnos en el viaje interior y a que nos alimente el mundo simbólico que nuestra cultura ha rechazado. El trabajo con los sueños nos ayuda a abrir la puerta a nuestra alma, a la cualidad de nosotros mismos que es eterna. Aprendemos a escuchar y a sintonizarnos con la dimensión más profunda de nuestro propio ser, de modo que podamos participar más plenamente en el milagro real de lo que significa estar vivo.
Y los sueños además apuntan más allá de nuestro yo individual, de nuestro viaje individual, al todo más grande del que somos una parte. A veces nuestros sueños no son meramente una expresión de nuestra propia alma, sino del alma del mundo, el anima mundi. Por medio de estos sueños podemos experimentar un horizonte más vasto que nuestro yo, y quizá despertar a la transformación que está teniendo lugar dentro del mundo entero. Ya que así como nosotros cambiamos y nos transformamos, también lo hace el mundo del que somos parte. El trabajo con los sueños nos puede conectar con este mayor desarrollo, con los cambios primarios que le están ocurriendo a la vida misma. Y entonces nosotros podremos desempeñar nuestro papel de una manera más plena, ser una parte del hilo dorado escondido dentro del mundo. Podremos percibir y vivir la conexión primaria entre nuestra alma y el alma del mundo, y ser lo que está despertando.
14 abr 2011
3 abr 2011
Yusuf Islam Praises Peaceful Egyptian Protesters With 'My People'
My People
When you gonna leave
My People
Give them room to breath
My People
Stop oppressing
My People
All they want is bread, clothes
Space to rest – and left alone
My People:
When you gonna free
My People?
Let them live in peace
Stop killing
My People
All they need is dignity
A chance to be free
My People
Stop making scared
My People
Let them out of jail
My People
Stop building walls around
My People
When you gonna show you care
Join the people in the square
My People
My People
See them coming now
My People
Can’t you hear them shout?
My People
Everyday, everywhere
Stop running from
My People
Stop stealing from
My People
Stop pointing guns at
My People
Oh, Come on
My People
Come on, come on
My People
Come on, come on
My People
God show them the way
My People
God show them the way
My People
See them pray
My People
Come on, come on
My People
Oh,
My People
Come on
My People
Keep on keeping on
Share the message!
Thanks to:
BMG.
Hansa Studios (Berlin),
Boomtown Productions (Dubai),
31 mar 2011
Wadah Khanfar: un momento histórico en el mundo árabe
Mientras se extiende por el mundo árabe una revolución democrática encabezada por jóvenes potenciados por la tecnología Wadah Khanfar, jefe de Al Jazeera, comparte una visión profundamente optimista de lo que está sucediendo en Egipto, Túnez, Libia y más allá en este momento conmovedor en el que la gente se dio cuenta que podía salir de su casas y pedir el cambio.
23 mar 2011
Cuento sufí- Las apariencias engañan
-Estás muy equivocado –le dijo el sabio-. La gente de tu reino actúa de acuerdo a las apariencias. Le dan muy poca importancia a los hechos, que son los que demuestran espíritus grandiosos. Al oír esto, los cortesanos se enfadaron y le rogaron al rey que no hiciera caso a ese falso sabio.
-Majestad, ellos dirán lo que quieran, pero en este mundo vil, todo funciona al revés: la persona más preciosa no vale nada, y la persona que no vale nada es la más preciosa.
-Demuéstramelo –dijo el rey-. Si no lo haces, mandaré que te corten la cabeza por decir cosas falsas y descabelladas.
El sabio sufí invitó al rey a que se disfrazara como una persona común y así dieran una vuelta por la ciudad. Llegaron al mercado y el sabio sufí le insinuó al rey que pidiera un kilo de cerezas que habrían de servir para salvarle la vida a un enfermo muy grave.
Fueron inútiles las súplicas del rey. El comerciante, cansado de argüir con él, lo despidió del lugar y le dijo que si no se iba pronto, lo sacaría a palos.
-Las cosas que tiene que oír uno en la vida –mascullaba el comerciante-. ¿Acaso tengo cara de idiota? Estos mendigos miserables ya no saben qué inventar para engañar a uno.
El rey estaba a punto de revelar su identidad, cuando el sufí se lo llevó afuera. Caminaron un buen rato y llegaron a las orillas de un río que corría crecido con las aguas del deshielo. En un descuido, el sufí le dio un empujón al rey que cayó al agua. Empezó a gritar pidiendo ayuda, pero aunque se acercaron muchos curiosos atraídos por sus gritos, nadie hizo nada. Ya estaba a punto de ahogarse, cuando un mendigo, el más harapiento de la ciudad, se lanzó al agua y salvó al rey.
Entonces el sufí se acercó al rey que temblaba de frío y de indignación, y le dijo: -¿Viste cómo era cierto lo que yo te dije? Cuando tú, que eres la persona más valiosa del reino pediste un kilo de cerezas para salvar la vida de un enfermo, no obtuviste nada y hasta estuviste a punto de que te partieran la cabeza a golpes. En cambio este mendigo, que supuestamente es la persona que menos vale en tu reino, ha expuesto su vida por ti y te ha salvado. No son las apariencias lo que cuentan, sino los hechos.