RUMI
parece estar danzando;
aquéllos con ojos comunes
sólo los verán fijos e inmóviles.
24 abr 2012
La ventaja de la FELICIDAD
20 abr 2011
How to Be An Optimist (and Why it Matters)
Recent studies have shown that people who described themselves as optimists were healthier and had lower overall death rates than pessimists. Plus, we all know what it’s like to be around someone with a pessimistic attitude: before long, you feel that way too. So how do you develop a sense of optimism when negative events and experiences are often the focus of our culture, media, and conversations?
Optimism is a skill that can be learned through a set of techniques that can be practiced, according to Martin Seligman, the “Father of Positive Psychology” and author of Learned Optimism. It’s more than positive thinking or looking on the bright side, which can often push feelings and events aside that need to be realistically acknowledged and addressed. Seligman calls this “flexible optimism” and says it starts with being aware of your thoughts, initially writing them down, and then taking action to change them. It’s also about how you communicate and the language you use, which can really have an effect on the people around you.
I always thought optimists were born that way, and it wasn’t until I was in graduate school that I realized it was a skill that could be learned and practiced. I had learned along the way to “look on the bright side,” and to “think positive,” but after awhile, it was not that effective. I wanted more.
Optimism differs from positive thinking because it is more of a general tendency to expect the best possible outcome or focus on the most hopeful aspects of a situation, even if it also has negative qualities and consequences. Winston Churchill said, “A pessimist sees the difficulty in every opportunity; an optimist sees the opportunity in every difficulty.”
Positive thinking, a term coined by author Norman Vincent Peale in his 1952 book, The Power of Positive Thinking, was a three step process of practicing self-hypnosis, attaining divine power to use for oneself, and eliminating and avoiding all negativity in life. While we can read that now and recognize its limitations, it has been a popular book and is still widely read today. While Norman Vincent Peale’s suggestion to avoid all negativity in life is impractical, if you want to become more optimistic you might want to limit your exposure to the media and negative images. This is not to say you shouldn’t watch the news or read the paper, ignoring important world events and situations, but constant exposure to the media may not be healthy and may contribute to a more pessimistic outlook. Sometimes it helps to limit your exposure to people who are pessimistic, too.
The average person has more than 12,000 thoughts a day, and most are so automatic we don’t even realize it. We can, though, pay attention to how those thoughts are communicated to the people around us. For example, if you have a friend who just lost her job and is looking to you for support, this might not be the best time to tell her you’re not optimistic about the economy. Asking her, “Do you have a job yet?” may not be all that helpful, either. What may help, though, is to convey a sense of optimism about her strengths and ability to weather the transition, recognizing that the economy is a factor.
A study involving 180 Catholic nuns (called the Nun Study) found that how nuns viewed life while young correlated with how long they lived. This supports previous findings regarding the connection between optimism and longevity. How do you view your own life? Do you tend to see the glass half full or half empty? One way to find out is to take note of your thoughts and language for a few weeks in a notebook. You’ll probably find you’re much more aware of what other people say and do as well. This can be a first step in making a change in how you think and communicate.
No matter how optimistic we can be, bad things happen to good people, and life includes suffering. Becoming an optimist will not change that, but it may make a difference in your health, longevity, outlook on life, and communication with other people, and that’s a good reason to make it a part of your life. “Optimism is the human personification of spring,” wrote Susan Bissonette, and who doesn’t look forward to spring?
25 ago 2010
LOS OPTIMISTAS PASAN MENOS TIEMPO EN DESEMPLEO
Rafael Piqueras1 y Alberto Rodríguez-Morejón2
1Servicio Público de Empleo de la Región de Murcia y 2Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga
Cuando las tasas de paro crecen sin parar, y cada vez más personas afrontan el duro reto de buscar trabajo en un mercado laboral que apenas lo crea, la investigación psicológica estudia qué variables explican porqué algunas personas consiguen un puesto de trabajo en menos tiempo que otras.
En un mercado laboral equilibrado, las personas con mejor capacitación y mayor experiencia en su especialidad son las que, supuestamente, van a tener más oportunidad de emplearse. Otros dos factores puramente sociológicos son también importantes para explicar la rapidez de colocación: la edad, los empleadores prefieren gente joven; y el sexo, lamentablemente los varones siguen teniéndolo más fácil que las mujeres.
Pero, ¿qué ocurre cuando hay un gran desajuste entre la oferta y la demanda?, ¿cómo funcionan las cosas cuando hay muchos más demandantes que puestos de trabajo? En ese caso, ya no sólo importa la formación, el sexo o la edad; cobra entonces especial relevancia el propio proceso de búsqueda de empleo. Tienen ventajas los que tienen un buen y rápido acceso a la búsqueda de información, los que planifican adecuadamente el duro trabajo de buscar trabajo, y los que son hábiles elaborando currícula o enfrentándose a entrevistas de selección.
| En principio, pareciera que combinando estos dos factores (formación y experiencia previa, y habilidades para buscar) el éxito debería estar garantizado, pero ¿qué ocurre cuando las cosas están realmente mal? Y si, como ocurre en la actualidad, el empleo escasea; o como ha ocurrido siempre, quién busca pertenece a un colectivo con especiales dificultades para encontrar empleo (por llevar mucho tiempo fuera del mercado, o por tener una edad avanzada). En estos casos, una variable estrictamente psicológica cobra una importancia fundamental: la motivación. Cuando la competencia es dura, son los más motivados los que siguen buscando a pesar de que la tarea sea decepcionante, los que perseveran aunque los resultados se hagan esperar. | |
Para estudiar la importancia de la motivación en la búsqueda de empleo, se evaluó, en una muestra de 212 personas en situación prolongada de desempleo, una variable que es especialmente relevante para entender la motivación: las expectativas. Se utilizó una escala diseñada por los autores de este artículo: Expectativas de Control Percibido en Búsqueda de Empleo (ECP-BE).
La escala mide cuatro aspectos:
- Autoeficacia en Búsqueda de Empleo: creencias sobre la propia capacidad para buscar trabajo. En este caso, un desempleado con bajas expectativas de autoeficacia, considerará que no está capacitado para desarrollar las tareas de búsqueda de empleo. Pensará por ejemplo, que no sabrá actuar de manera adecuada en una entrevista de selección, o no se sentirá capaz de superar los rechazos o fracasos que conlleva la búsqueda de empleo.
- Locus de Control Interno en Búsqueda de Empleo: creencias que apoyan la idea de que los resultados esperados se deberán a la propia conducta. Buscadores de empleo con locus interno son aquellos que consideran que cuanto más se esfuercen, más probabilidades tendrá de encontrar trabajo.
- Locus de Control Externo en Búsqueda de Empleo: en contraposición a lo anterior, las expectativas de locus de control externo serán las creencias del desempleado sobre la influencia que tendrán factores ajenos a su control en la consecución de un empleo. Un demandante con locus de control externo considerará que encontrar trabajo dependerá de la suerte, o del destino o de la decisión de terceras personas sobre las que no puede influir.
- Éxito en Búsqueda de Empleo: creencias sobre las posibilidades globales de que ocurra un hecho deseado, en este trabajo sobre lo optimistas que son las personas sobre la posibilidad de conseguir un trabajo. Una persona con expectativas de éxito altas pensará que tiene muchas posibilidades de conseguir un empleo y, por el contrario, una expectativa de éxito baja querrá decir que las posibilidades que percibe son muy escasas.
El presente estudio pone de manifiesto la existencia de una relación significativa entre la motivación y la duración del desempleo, encontrándose que las personas con puntuaciones altas en la escala de expectativas (las que se sienten muy capaces de buscar empleo, piensan que cuanto más se esfuercen, más probabilidades tendrán de conseguirlo y además son optimistas sobre los logros) tardan como media 14 meses menos en conseguir trabajo que los que puntúan bajo. De los cuatro tipos de expectativas estudiados, el más relevante ha resultado ser las expectativas de éxito: las personas optimistas (puntuaciones altas en Éxito en Búsqueda de Empleo) consiguieron un contrato 19 meses antes que las pesimistas y, para que se colocaran la mitad de los pesimistas, tuvieron que pasar 30 meses, momento en el que ya tenían trabajo el 70% de los optimistas. Las personas que son optimistas y creen que acabarán encontrando empleo lo encuentran antes que las pesimistas y esta variable es un predictor de rapidez de colocación al menos tan potente como la edad o el sexo.
| | En conclusión, el estudio permite establecer la importancia de las expectativas para triunfar en la búsqueda de empleo. Los que están buscando trabajo en estos tiempos de crisis no pueden elegir su sexo o su edad, pero pueden tratar de mejorar su formación y optimizar su proceso de búsqueda. Por favor, sean optimistas, aunque esté la cosa difícil, porque los optimistas son más felices y se colocan antes. Buena suerte a todos, perdón, …, más que suerte les deseamos: confianza, esfuerzo y toneladas de optimismo. |
El artículo original se encuentra en la Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones:
Piqueras, R., Rodríguez-Morejón, A., y Rueda, C. (2008). Expectativas y duración del desempleo. Revista de Psicología del Trabajo y de las Organizaciones, vol. 24, 2, 129-151.
Sobre los autores:
| | Rafael Piqueras. Es psicólogo. Desde 1989, es orientador laboral, actualmente en el Servicio Público de Empleo de la Región de Murcia. Inicia su actividad en este campo en 1989, publicando varios trabajos, elaborando guías técnicas y cooperando como experto en proyectos internacionales. Coordinó el Programa Regional de Modernización y Buenas Prácticas del ECyL que mereció el Premio de Naciones Unidas al Mejoramiento del Servicio Público en 2005. |
| | Alberto Rodríguez-Morejón. Es profesor titular del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga. Inició su colaboración con Rafael Piqueras en 1998, construyendo y validando la Escala de Expectativas de Control Percibido de Búsqueda de Empleo (ECP-BE). Continúa trabajando en investigación, formación y divulgación científica sobre la importancia de la motivación en el proceso de inserción laboral. |